Jue. Abr 15th, 2021

Electrosensibilidad, el nuevo mal de nuestra era ha llegado. Lo que para la mayor parte de nosotros es un salto cualitativo en el nivel técnico y de civilización, para ciertos, poco a poco más conforme la prensa, ha supuesto la llegada de una enfermedad asoladora de la que difícilmente se pueden liberar. Los enfermos de hipersensibilidad electromagnética se consideran víctimas del advenimiento de las ondas wi-fi y las redes de telefonía móvil, por más que la ciencia pruebe, una y otra vez, que su enfermedad verdaderamente no existe y debe enmarcarse en el campo de los trastornos sicológicos, probáblemente de las fobias.

El inconveniente es que ciertas sentencias judiciales recientes en Francia y el tratamiento conveniente que de su problemática dan ciertos medios, fortalece su creencia de que verdaderamente sufren un inconveniente de agresión electromagnética. La consecuencia es que cada vez más personas se acogen a esta enfermedad -imaginada salvo que se pruebe lo opuesto- para explicar su malestar en vez de solicitar ayuda a profesionales de la sicología.

¿Enfermos imaginarios? La tesis de los electrosensibles es que la evolución tecnológica no irá atrás pues marca el ritmo de vida de la enorme mayoría, mas la acumulación tan alta de ondas electromagnéticas que se genera en los núcleos urbanos medianos y grandes, se ceba con ellos. Las redes wi-fi y de telefonía, sobre todo, les provocarían desde dolores de cabeza a vómitos, cansancio crónico, erupciones cutáneas, conmociones, vahídos, variaciones del mal de Alzheimer y otros muchos efectos… Es lo que creen .

Lo que los cuidadores deben saber de la electrosensibilidad

Por el hecho de que la ciencia, de momento, y pese al creciente número de estudios que se efectúan, no consigue establecer un vínculo entre la densidad del espectro y los inconvenientes de los perjudicados. Asimismo la OMS en sus conclusiones se muestra cautelosa ante la carencia de evidencias a nivel científico y la poca homogeneidad de los síntomas descritos, en tanto que en la mayoría de los casos cada individuo expresa unos malestares diferentes al resto.

Además de esto, la atribución de la enfermedad tiene como patrón de comportamiento, en la mayoría de los casos, un autodiagnóstico en el que los enfermos concluyen por su cuenta que la causa de sus desarreglos son las ondas electromagnéticas, si bien en pruebas ciegas no sepan distinguir la existencia o bien no de campos electromagnéticos de diferente densidad.

Las ondas ‘digitales’ no matan En verdad, hasta donde se sabe, la peligrosidad de las ondas electromagnéticas no es una cuestión de densidades, esto es de altas concentraciones de ondas, sino más bien de la intensidad de las ondas, lo que es conocido como frecuencia de onda. De esta manera, la franja de ondas de mayor frecuencia es la ultravioleta, que sí tiene efectos ionizantes y por consiguiente puede ocasionar perturbaciones en un cuerpo físico -como un gen, lo que podría dar origen a tumores- aparte de provocar quemaduras como las solares.

La electrosensibilidad, cuando el wifi hace daño

Mas las ondas que se emplean en la tecnología humana, y sobre todo en la digital, son las ondas de radiofrecuencia, que están muy bajo las frecuencias ultravioletas y lo único que pueden provocar son perturbaciones de temperatura. Estas perturbaciones térmicas serían las que provocan típicamente los hornos microondas, que trabajan en un rango de frecuencias afín al de las ondas wi-fi mas con una densidad de ondas cuatro mil quinientos veces superior y encerradas en un espacio reducido con alto porcentaje de rebote, lo que es conocido como una Jaula de Faraday.

O sea que en condiciones normales, la densidad de ondas del centro de la ciudad de Nueva York, por servirnos de un ejemplo, es como poco cuatro mil quinientos veces más baja que la de un horno microondas. Por otra parte, sus ondas tienen una frecuencia más de miles y miles de veces inferior a las radiaciones ultravioleta menos extremas.

Los afectados piden más estudios sobre la electrosensibilidad

Con estas condiciones, en apariencia es bastante difícil provocar perturbaciones de la salud aun si estamos muy cerca de una fuente transmisora como una antena de telefonía o bien un enrutador wi-fi. Y realmente la mayor parte de los estudios científicos de esta manera lo aseguran. Y no obstante, los casos de personas que se autodiagnostican electrosensibilidad electromagnética aumentan año a año, con un salto increíble desde los comienzos de la era de la telefonía móvil. Se dan sobre todo en países del primer planeta y entre personas de alto nivel cultural y gran desarrollo tecnológico.

El caso más conocido y reciente es el de la versista francesa Marine Richard. Conforme una sentencia de un juzgado que los especialistas calificaron de “estrafalaria”, el estado francés debe abonar a Richard una pensión de ochocientos euros por padecer minusvalías del ochenta y cinco por ciento debido a su hipersensibilidad electromagnética.

La sentencia se fundamenta en que Richard precisa dinero para adquirir, aparte de otras provisiones, leña con la que calentarse en la cabaña donde vive distanciada de la civilización en los Pirineos franceses. Richard no es la única víctima electrosensible que ha decidido huir de las zonas urbanas para parar de sentir los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética.

En USA, miles y miles de personas han encontrado su paraíso libre de ondas en la zona de Green Bank, en las montañas del estado de Virginia Occidental. La razón es que se trata de un campo de treinta y tres quilómetros cuadrados dedicado a la observación de ondas de bajísima frecuencia que llegan del espacio y, en consecuencia, está libre de cualquier género de onda humana de origen terrestre. En Francia, su santuario es el pueblo de Baños de Arlés.

Ansiedad y mitos La mayoría de especialistas, con ciertas salvedades, considera reales los síntomas de los individuos electrosensibles, mas los atribuye a inconvenientes sicológicos de origen deseoso y prescribe tratamientos de conducta y análisis. Esto es que estas personas estarían encarnando su ansiedad y su sufrimiento en el electromagnetismo cuando realmente su inconveniente es de clase sensible.

En verdad en el R. Unido ya se ha establecido un protocolo de tratamiento frente a lo que se considera un trastorno de tipo deseoso, mas no por esta razón menos grave. Esta clase de identificaciones no son extrañas a los progresos tecnológicos, y ya con el advenimiento del tren se generó una plaga de supuestos enfermos perjudicados por este modo de transporte.

Entonces, aun Freud describió que algún aspecto del tren, como la velocidad, el peligro de accidente, la vibración, etcétera, dañaba la salud mental al observar a personas que desarrollan fobia o bien ansiedad dado este transporte. De igual modo, el día de hoy predominan mitos como el de la electropolución, conforme el que los teléfonos móviles pueden provocar cáncer y las ondas electromagnéticas alteran el sueño, con lo que es mejor dejar el wi-fi apagado y los móviles fuera de la habitación al ir a dormir.

Ante la reciente nueva sobre la sentencia que otorga el reconocimiento de incapacidad permanente total por síndrome de Electrosensibilidad por el Tribunal Superior de Justicia de la capital de España a un ingeniero de Telecomunicaciones. Desde la asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS) consideramos como un avance los fallos judiciales que reflejan y recogen la realidad de las personas que sufren este síndrome de intolerancia a Campos Electromagnéticos No ionizantes de origen artificial.

La electrosensibilidad, las ondas que nos dañan

Valoramos y respetamos el resolución de los jueces que toman sus resoluciones basándose en las pruebas presentadas y apoyados en valoraciones de médicos y especialistas en la materia. La Sensibilidad Química Múltiple y la electrosensibilidad son problemas médicos asociados al progreso y los factores ambientales. La Sensibilidad Química consiste en una pérdida de tolerancia a substancias químicas de empleo frecuente, eminentemente sintéticas y normalmente con algún grado de carga tóxica. En el caso de la electrosensibilidad es la exposición a los campos electromagnéticos la desencadenante de los síntomas.

Pese a una cobertura sanitaria todavía deficiente, la Sensibilidad Química cuenta con el reconocimiento en múltiples países como España. No obstante la carencia de reconocimiento oficial de la electrosensibilidad supone una complejidad añadida para los perjudicados que chocan con la incomprensión del ambiente y con la ausencia de asistencia por la parte de las instituciones públicas y sanitarias.

Ciertas de estas personas, incapacitadas para trabajar más a las que se les rechazan las ayudas no tienen más antídoto que asistir a la justicia para hacer servir sus derechos. Es cuando se generan sentencias convenientes para estos perjudicados que los medios se hacen eco de la nueva. Hace unos meses en Francia se generó una sentencia conveniente para Marine Richard, perjudicada de electrosensibilidad, y ahora hemos conocido que el Tribunal Superior de Justicia de la capital de España ha dado la razón a Ricardo de Francisco, un ingeniero de telecomunicaciones perjudicado de electrosensibilidad, en su demanda contra el INSALUD por el reconocimiento de su Incapacidad laboral.

Cuando las ondas producen incapacidad laboral

A causa de estos hechos han aparecido en ciertos medios algunos artículos y también informaciones que como Asociación de personas perjudicadas por sensibilidades química y electromagnética deseamos puntualizar: Si bien somos siendo conscientes de que la existencia de la electrosensibilidad viene a poner en duda la seguridad de la telefonía móvil, un negocio que mueve en el planeta 2 billones de dólares americanos por año, no deja de ocasionarnos sorpresa y estupor el tratamiento sesgado que, desde un supuesto punto de vista científico, se ha dado a la nueva en ciertos medios.

Medios que alardean de efectuar un periodismo de calidad publican artículos en los que se niega la existencia de la hipersensibilidad electromagnética y se desacredita a quienes la sufren, suprimiendo la base científica que la acredita y complicando las medidas a tomar para su conveniente tratamiento. Nos hemos encontrado con titulares como “La electrosensibilidad utilizada por un tribunal para dar una incapacidad no existe conforme los científicos” o bien “Sanidad culpa a las ondas electromagnéticas de una enfermedad que no causan” y con aseveraciones como: “la electrosensibilidad es una trastorno psicológico”.

Este género de informaciones suponen un perjuicio para un colectivo de personas enfermas que están combatiendo por prosperar su salud, lograr reconocimiento y ayudas para su supervivencia y que precisan de la entendimiento de su ambiente para lograr las adaptaciones precisas a su condición de discapacidad. Llama la atención que esta clase de artículos periodísticos de forma sistemática elude ofrecer el punto de vista de los médicos y también instituciones que reconocen este síndrome y que están alertando del problema médico que representa la polución electromagnética.

Ser electrosensible, la nueva enfermedad

Deseamos dejar en claro que los primordiales especialistas que tratan y también estudian este síndrome descartan cualquier origen psicosomático y que hay suficiente información científica que prueba que la electrosensibilidad es una perturbación orgánica como contestación a los campos electromagnéticos. Los médicos que tratan frecuentemente a personas EHS de manera sistemática y con los protocolos convenientes ven como los pacientes mejoran cuando logran vivir en un ambiente con niveles bajísimos de polución.

Asimismo hemos observado como ciertos médicos que se dedican a opinar sobre este tema no han tratado a personas con electrohipersensibilidad y ciertos aun no se dedican a la práctica clínica. En nuestros días hay decenas y decenas de miles y miles de investigaciones que hayan efectos biológicos en los niveles de exposición a los que estamos expuestos hoy día. Cientos y cientos de estudiosos de todo el planeta especialistas en bioelectromagnetismo alertan de posibles peligros.

Suprimir esta información aparte de no preguntar o bien mentar el punto de vista de la fuente primordial de la nueva (los perjudicados) son indicadores de gran parcialidad periodística. Ignoramos los motivos pues estos cronistas actúan con este corte. En el mejor caso pudiese ser que por ignorancia usen fuentes ya sesgadas. La verdad es que objetivamente este conjunto de deficiencias es signo de una mala práctica profesional.

Sabemos que la situación proseguirá siendo difícil para las personas perjudicadas por electrosensibilidad. Un porcentaje elevado de las investigaciones científicas están financiados por la industria de telefonía móvil y los resultados de estas investigaciones coinciden con sus intereses.

Ciertas instituciones internacionales de referencia están en el punto de atención por demandas de enfrentamientos de interés, al estar sus resoluciones muy mediatizadas por la industria. Los gobiernos son reluctantes a aplicar medidas de cautela que pudiesen suponer un freno a la presente y veloz expansión de las tecnologías inalámbricas, como a acrecentar el gasto asociado-sanitario en nuevas enfermedades.

Los grandes medios no semejan interesados en discutir sobre las implicaciones para la salud de las nuevas tecnologías inalámbricas. No obstante el inconveniente va a requerir nuestra atención: cada vez hay más personas que se dirigen a nuestra asociación para buscar información que les asista a manejar apropiadamente este síndrome/discapacidad. En especial alarmante nos resulta el incremento de casos en menores.

Por todo ello desde acá felicitamos a los medios que tratan este tema con imparcialidad y rigor periodísticos en labras al derecho de información. Pensamos que la sociedad debe tener acceso a toda la información científica libre sobre los peligros de la exposición crónica que sufrimos hoy en día para poder efectuar un consumo consciente y trazar las políticas más recomendables en salud pública.

Los primeros casos de  electrosensibildad reconocidos

Por fortuna existen estudiosos independientes, y jueces prestos a reconocer sus derechos a trabajadores y trabajadoras dañados por la otra cara de este progreso, un género de polución que no se ve mas que tiene probados efectos en la salud. Intolerancia a los campos imantados. Es la llamada electrosensibilidad. Se trata conjunto de síntomas médicos desfavorables cuyo origen, en creencia de sus perjudicados, está en la exposición a campos electromagnéticos.

Los que padecen esta enfermedad no pueden vivir rodeados de elementos comunes para el resto: antenas de telefonía móvil, teléfonos móviles y también inalámbricos, e inclusive, si quisiesen acceder a Internet su conexión habría de ser por cable puesto que las ondas del WiFi asimismo les afectan. La enfermedad está en un limbo sanitario puesto que no hay una base científica que relacione los síntomas con la exposición a estas ondas.

“Esta enfermedad es una advertencia de que nuestro organismo no acepta más ondas electromagnéticas”, sentencia el médico, que plantea una reducción en el número de antenas que hay en el país. En cambio, y a pesar de ser una ciencia precisa, las creencias difieren entre especialistas. El físico y doctor en neurociencia, Alberto Nájera, cuestiona la enfermedad.

“Personas que afirman padecer esta enfermedad no son capaces de distinguir si estas antenas emiten radiación o bien no”, apunta Nájera, que efectuó esta prueba en 2 personas que afirmaban padecer electrosensibilidad y fallaron más de la mitad de las veces en las que fueron preguntadas por si acaso sentían las radiaciones. La causa en consecuencia, para Nájera y un conjunto esencial de especialistas, se debe al efecto nocebo, esto es, a consecuencia de las esperanzas fatalistas propias del sujeto perjudicado.

“Ni la OMS ni ninguna entidad científica piensa que esta enfermedad exista”, mantiene Luis Alfonso Gámez, cronista científico y autor del libro Ver para opinar. A pesar de ello, Gámez reconoce que la enfermedad y el sufrimiento sí que existe: “Mas la causa no son las ondas, el motivo es su convencimiento de que las ondas son malas”.

A pesar del no reconocimiento de la enfermedad, el Tribunal Superior de Justicia de la capital española ha concedido este mes la incapacidad permanente total a un ingeniero de telecomunicaciones, de cuarenta y siete años, que afirma padecer esta enfermedad. “Hay mucha gente que coge su teléfono y empieza a devolver”, defiende Ángel Martín, vicepresidente de la asociación “Electrosensibles por el derecho a la salud”, que cuenta entre otros muchos síntomas la pérdida temporal de memoria, cefaleas o bien sequedad en la boca.

Martín apostilla que cada vez se dan más casos de esta enfermedad y también insta a la Administración a dar un paso adelante para reconocer la electrosensibilidad como enfermedad. Solo en Suecia está reconocida esta enfermedad, clasificada como una discapacidad. Mientras, en lo único en lo que coinciden todos, es en que se precisa una mayor concienciación social.

Si bien para cada uno de ellos, esta tarea tenga un sentido diferente. Mientras, centenares de miles de personas que todavía no saben qué les pasa y que, en dependencia del médico que les atienda, le diagnosticasen una cosa o bien otra.

El Tribunal Superior de Justicia de la villa de Madrid (TSJM) ha reconocido a este ciudadano, que trabajaba en la compañía Ericson, el derecho a percibir una prestación económica que le había rechazado la Seguridad Social. “Cuando salgo a la calle -sigue- voy observando y mirando a todos y cada uno de los lados para poder ver dónde hay antenas, y veo si las personas que tengo al lado llevan móvil y calculo cuánto puedo soportar en esa situación”.

Y no es para menos pues Ricardo se ha ido a pasar algún fin de semana con gente que llevaba móvil y al regresar ha debido ir a emergencias por el hecho de que esta nosología provocada por la exposición a campos electromagnéticos le ha desgastado en buena medida su sistema inquieto. Ha sufrido taquicardias que prácticamente le cuestan en una ocasión la vida y su tiroides ha fallado de tal manera, ya antes de ponerle nombre a lo que le ocurría, que en 9 meses le hicieron engordar más de veinte kilogramos.

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Desde dos mil siete sufre capítulos de taquicardia. Un cardiólogo le hizo una revisión y descartó que tuviese algún inconveniente, mas 3 años después debió coger la primera baja en la compañía de telecomunicaciones en la que trabajaba. Se la dieron pues padecía depresión, ansiedad, agresividad, falta de concentración, de memoria, mucha lentitud al meditar. Estuvo en tratamiento sicológico y siquiátrico, y al cabo del año volvió al trabajo.

A lo largo de esos 12 meses se halló un tanto mejor, mas “solo un pelín” por el hecho de que no era todavía siendo consciente de lo que le pasaba y en casa tenía un teléfono inalámbrico, wi-fi y microondas. Su estancia en el trabajo duró 9 meses pues los síntomas se dispararon y además de esto le comenzó a fallar el tiroides y el oído izquierdo le ardía: “era inaguantable estar allá -comenta-. El enrutador era profesional y lo tenía a 2 metros de mi cabeza y eso me hizo polvo. Me destruyó”.

“Yo veía que algo iba mal, mas al comienzo creía que tenía un enfermedad siquiátrica”, afirma Ricardo, que debió coger la segunda baja, esta vez, de un par de años, tiempo en el que al fin recibió el diagnóstico de una doctora que asimismo sufre esta nosología, que el catálogo de la OMS no la recoge como una de las enfermedades que pueden ser objeto de baja laboral.

El diagnóstico llegó tras hacerse más pruebas por si acaso podía tener una intoxicación química y descartar asimismo que padeciera enfermedades siquiátricas. “Quité la radiación de mi casa. Cogí el teléfono inalámbrico y lo tire a la basura, quite el enrutador, el wi-fi, el móvil deje de emplearlo. Ahora lo tengo en GSM y con todo el tema de datos, wi-fi y bluetooth quitado. En mi casa va todo por cable y cuando enciendo el microondas me marcho de la cocina”, comenta.

Asimismo ha debido instalar unas mallas metálicas que con alta frecuencia marchan tal y como si fuera un espéculo, “todas y cada una de las ondas rebotan y se marchan”. Cuando retornó al trabajo procuraron buscar una solución a su inconveniente, mas al final le despidieron, le dieron la indemnización y empezó su lucha judicial a fin de que se le reconociese su derecho a la incapacidad.

Ahora afirma que está mejor, mas ¿de qué forma se vive de esta manera?. La contestación de Ricardo es rápida: “se vive muy mal, por el hecho de que las relaciones sociales te las limita, además de esto hay gente que no lo comprende, que considera que estás desquiciado, y no lo estoy por el hecho de que los campos electromagnéticos afectan a todos”.

“En ciertos, como a mí, genera síntomas de este género y en otros no los tienen de forma directa y les da un cáncer”, concluye este ingeniero de telecomunicaciones, que afirma sentir vergüenza por el hecho de que la materia en la que se formó “se haya utilizado para dañar a la humanidad”.

Sumamos con esto, un nuevo factor a tener en cuenta por los cuidadores. Cuando las dolencias se convierten en inexplicables, podemos encontrar una nueva luz en la electrosensibilidad.

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